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Rubias de Nueva York

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Origen, leyenda y destino de una canción emblemática. Lo que va de una versión de salsa a las raíces del jazz latino.

Por José Arteaga

Diseño: @sergiovaldesm

The Roaring Fifties es un discazo de Willie Rosario, como lo es la mayoría de álbumes de este hombre que ha sabido orquestar como nadie la música del Caribe, basándose en la inclusión del saxo barítono en medio de la línea melódica de trompetas. En La Hora Faniática nos hemos referido en varias ocasiones al origen de esta característica y de su estilo inimitable.

Este álbum fue grabado en junio de 1991 en los Melody Recording Studios de San Juan y fue prensado por el sello Bronco de Bobby Valentín. Contiene nueve canciones y a mí siempre me gustó porque está repleto de mambos y porque en el tema Los Salseros Se Van dice una frase suelta: «rockero, fuera», y Primi Cruz se pregunta sobre otras modas: «¿Para que cambiar el paso si a ti no te queda? Será fácil de bailar pero a mí no me llega». Willie Rosario hizo con este mismo sentido de defensa férrea de la salsa, la canción Busca El Ritmo en 1983 para su álbum Salsa Machine («Cambia el paso, busca el ritmo, olvida ese rock and roll y ven a bailar latino»).

Pero sobre todo The Roaring Fifties fue el homenaje de Willie Rosario a una época que le tocó vivir, la de los años 50 en Nueva York, la era del mambo. Mister Afinque residió por aquel tiempo en la calle Roger Place en el Bronx y allí conoció y se hizo amigo de uno de sus ídolos juveniles y líderes del baile, Tito Rodríguez. Por eso este último le cedió dos canciones para su primer disco con el sello BMC de Mario Hernández, Fabuloso Y Fantástico, en 1965. Por su parte, Rosario le rindió tributo al incluir en ese álbum Salgo A Buscar Amor, un tema de Luis Barreto popularizado por Rodríguez bajo el título de Cuando Sale El Sol.

Quién sabe si el señor Barreto, famoso director de orquesta en ese tiempo, y amigo de Rodríguez, basó en una experiencia suya aquella canción. Y si fue así, Barreto era un auténtico Casanova, un mujeriego empedernido, pues decía en una de sus frases: «Pollo que yo vea como a las siete, a las mismas ocho está desplumado, y como a las nueve mucho cariño, y como a las diez cantando bajito sin darse cuenta va pa’ el cercao».

The Roaring Fifties también incluyó otras dos canciones de picaflores y amantes insaciables: un tema de salsa moderna con reminiscencias de letras tangueras, El Mujeriego («Me gustan todas en general»); y la que es razón de ser de este post, Rubias De Nueva York.

Willie Rosario contaría tiempo después en el portal AmericaSalsa que desde niño escuchaba tangos porque su mamá, tanto en Coamo como en Nueva York, era muy admiradora de Carlos Gardel. Y pensando en ella fue que incluyó en el álbum la canción de la rubias.

El arreglo del tema fue de José Febles en tiempo de mambo. Febles, un auténtico crack en estas lides, es el mismo al que se le deben los arreglos de Quítate De La Vía Perico, Catalina La O, Los Rodríguez o Rompe Saraguey, sólo por citar algunos.

Pero no hay que engañarse y aunque los autores del tema sean los siniguales Gardel y Le Pera, Rubias De Nueva York no es un tango. Es un fox-trot, y la única relación que guarda con el sonido del Río de la Plata es que ambos ritmos vivieron su época de oro en los mismos años: mediados de los veinte a mediados de los treinta.

Ahora bien, tras este largo preludio y habiéndome ido por las ramas, paso a contarles la sorprendente historia de la canción.

Mary, Peggy, Betty, Julie

Carlos Gardel llegó como una auténtica estrella a Nueva York a finales de 1933. Su resonante paso no dejó indiferente a nadie y tras sus primeras actuaciones en la radio (NBC), pasó a concentrarse en el rodaje de una serie de películas en los estudios Kaufman Astoria de la Paramount Pictures, ubicados en el barrio de Astoria, en Queens, gigantescos hangares que ocupaban dos manzanas enteras entre las calles 35 y 36 y entre las avenidas 34 y 35.

La segunda de esas películas, El Tango En Broadway, se estableció para ser rodada a partir de junio de 1934. La dirigió el francés Louis Gasnier y contaba con argumento y guión del genial Alfredo Le Pera. La cinta, una comedia musical de enredos típicos, narraba la historia de Alberto Bazán, un díscolo cantante que vive a cuerpo de rey, pero cuando llega a visitarlo su tío y mecenas, se hace pasar por hombre de negocios, generando una serie de confusiones cantadas.

Cuenta Terig Tucci, orquestador de toda la música que hizo Gardel en Nueva York, que las canciones tradicionales de la película ya estaban listas y trabajaban en ellas, cuando «apareció Le Pera con una idea para la canción norteamericana, las primeras líneas del fox-trot Rubias De New York, que dicen: “Peggy, Betty, Julie, Mary, rubias de New York…”. Armado con esas dos líneas, Gardel no tuvo dificultad en improvisar una melodía de carácter ligero y alegre, con ritmo de fox-trot movido».

Gardel llevaba ya tiempo obsesionado con hacer algo tipo Broadway y asistió por ello a varios musicales y algunas películas que lo inspiraron. Simon Collier, investigador británico, dice que Gardel se inspiró en Smoke Gets In Your Eyes, una canción de Jerome Kern y Otto Harbach, escrita en 1933 para el musical Roberta. Pero la verdad es que no parece haber sido notorio y Collier pudo haber tomado la regencia del libro Gardel En Nueva York, de Terig Tucci, donde el autor cuenta que el cantante fue a ver la obra y lo impactó.

Marcelo Oswaldo Martínez, investigador argentino, por su parte, opina que la influencia podría ser de 42nd Street, tema central de la película homónima de Lloyd Bacon, estrenada en 1933 y que también fue a ver Gardel.

De todas formas, el fox-trot We’re In The Money es el que más se parece, pues Gardel llegó a grabar, incluso, una versión poco conocida (Yo Nací Para Ti, Tú Serás Para Mí). La canción original era de Al Dubin y Harry Warren y fue tema central de la película Gold Diggers of 1933, de Mervyn LeRoy de 1933, y también la fue a ver Gardel. Por ello se podría afirmar que estamos hablando aquí de los orígenes del jazz latino.

Eso sí, Gardel creó la música, pero no escribió la partitura. Eso lo hizo Alberto Castellano, su mano derecha para estas lides, y quien fue a la postre el director musical de El Tango En Broadway. Y el que le dio ese aire tipo Broadway fue Tucci, auténtico maestro de la música en todos sus géneros.

Cabecitas adoradas que mienten amor

Rubias De New York es la primera canción que se interpreta en el filme. El protagonista es despertado por su mayordomo y este se levanta a regañadientes diciendo «¿Quién habrá inventado el reloj, caramba?». Luego, en medio de su resaca, abre la ventana de su habitación y llama a cuatro de las cinco muchachas que lo acompañan: a las cuatro rubias, pues también había una morena en el cuarto (se dice que esta era una novia de Gardel llamada Perlita Greco). Gardel canta la canción en la ventana y vuelve a cantar más tarde un trozo del tema mientras conduce un descapotable.

Claro, la intención de la escena es retratar el estilo mujeriego del protagonista, aunque según Enrique Romero, lo que hace es cantarle a la prostitución. Eso lo justifica el autor Jorge Ruffinelli en su libro La Sonrisa De Gardel: «Toda la escena huele ligeramente a noche de soltero y a negocio de prostíbulo, pero no se le permite al espectador siquiera sospecharlo».

Lo cierto del cuento es que se necesitaban cuatro rubias para hacer de Mary, Peggy, Betty y Julie, y que fue Alberto Castellano el encargado de ir a buscarlas en el término de la distancia. Como no se llevaba bien con Gasnier, suponemos que más se trató de una orden de Gardel.

Recordemos que en aquellos estudios de Queens se rodaba el 50% de la producción anual de la Paramount y que sus alrededores estaban acompañados de restaurantes, hoteles y bares llenos de figurantes, dobles, músicos y acróbatas que buscaban una oportunidad en los musicales que se filmaban habitualmente. Y aunque la línea de metro se acababa de ampliar hasta el sector, era fácil encontrar cerca de personas dispuestas a actuar. Y en cuanto a los bares, también recordemos que la Ley Seca acababa de ser derogada.

Se dice que Castellano les dio un dólar y una botella de whisky a cada una por el trabajito, que no sólo sería en aquella escena, sino en otra en la agencia de artistas del protagonista. Y aquí viene lo curioso:

Según el investigador gardeliano Carlos Moreno, quien cita como fuente a una entrevista hecha a Castellano en la revista del Club del Tango, este confesó que de las cuatro rubias, sólo tres eran mujeres. Julie, la cuarta, la de la derecha en la famosa foto, era en realidad un chico disfrazado. No hay certeza de ello y posiblemente nunca la habrá, pero los rumores apuntan a que se trataba de un migrante paraguayo de apellido Landow… ¡Vaya usted a saber!

Es como el cantar de un manantial

El Tango En Broadway se estrenó el 28 de diciembre de 1934 en Nueva York y la fama de Gardel siguió cuesta arriba. Rubias De New York se usó como leitmotiv del filme y la música suena durante los créditos. Por supuesto, se hizo muy popular entre la comunidad latina de la ciudad, mucho más que en otros países. Y existen dos razones para ello: una, que el latino de Nueva York vio con buenos ojos que su ídolo cantara en ritmo anglosajón; mientras que el individuo de las ciudades latinas estaba demasiado acostumbrado al Gardel tanguero y le costó entenderlo aquí.

La segunda razón la esgrime Terig Tucci, al que es mejor citar, pues sus argumentos se centran en la fonética:

«El estribillo comienza con las palabras: “Es como un cristal la risa loca de Julí”. Este nombre propio debía escribirse Julie, y el acento fonético debió caer en la primera sílaba Júlie, y no en la segunda, como aparece en la canción: Julí. Este mismo error se presenta en otros pasajes de la pieza. Donde debería decir Péggy es Peggí; Mary es Marí; Betty es Bettí. Llamé la atención de Gardel y Le Pera sobre esta discrepancia— Le Pera aducía —y con razón— que el defecto era musical. Gardel no quería cambiar la “cantabilidad” de la frase musical, que inicia el estribillo, con lo cual se produjo una “impasse” que no pudo resolverse nunca».

La verdad es que este asunto sí se resolvió, al menos para la canción, pues ganó la “cantabilidad” de Gardel. Y es que en el fondo se trataba de llevar el inglés al imperativo argentino donde los pronombres y los gerundios se agudizan, así como las palabras terminadas en vocal. Es lo que se conoce como voseo. Pero desde luego se convirtió después en una trampa recurrente para los cantantes, quienes en aras de la rima cambian la acentuación de la palabra final de la cuarteta.

Y Rubias De New York siguió ese sendero en todas las versiones posteriores, como en la de Willie Rosario, incluso en otra salsera como la de Jerry Rivera, quien la haría en 2007 en su álbum Caribe Gardel y en tiempo de cha cha chá.

Mary, Peggy, Betty, Julie, rubias de New York,
cabecitas adoradas que mienten amor.
Dan envidia a las estrellas,
yo no sé vivir sin ellas.
Mary, Peggy, Betty, Julie, de labios en flor.

Es como el cristal la risa loca de Julie,
es como el cantar de un manantial.
Turba mi soñar el dulce hechizo de Peggy,
su mirada azul, honda como el mar.

Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas.
Frágiles muñecas del olvido y de placer,
ríen su alegría como un cascabel.

Rubio cocktail que emborracha, así es Mary,
su melena que es de plata quiero para mí;
si el amor que me ofrecías
sólo dura un breve día…
Tiene el fuego de una brasa tu pasión, Betty.

Es como el cristal la risa loca de Betty,
es como el cantar de un manantial.
Turba mi soñar el dulce hechizo de Peggy,
su mirada azul, honda como el mar.

Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas.
Frágiles muñecas del olvido y de placer,
ríen su alegría como un cascabel.

Fuentes consultadas:

Entrevista 10 de julio 2011, a Marcelo Oswaldo Martínez
Entrevistador: Leonardo Ibarra
Programa: Barrio de Tango (domingos 11 a 13hs, hora en España)
Emisora: FM AMERICA 96.3, de Salt, Girona.
Web: http://www.americafm.es/

eltangoysusinvitados.com
gardel.es
astoria.org
todotango.com
clubdetango.com.ar

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